Nihongo
Monogatari

Ubasute Yama

Hace mucho, mucho tiempo, un señor feudal publicó en su castillo una nota oficial que decía: "Cuando su madre cumpla sesenta años, tendrá que abandonarla en la montaña".

A esa montaña se le conocía como "Ubasuteyama". En algún lugar del pueblo vivía una madre con su hijo, ambos eran muy amables. Ella ya había cumplido sesenta años y su hijo se encontraba muy apenado.

"No llores", le dijo la madre, "Voy a ir cerca de los dioses, así que no te preocupes por mí."

Ubasute YamaEl hijo se dirigió a la montaña llevando a su madre sobre su espalda. Al poco rato de iniciado el recorrido, el hijo notó que su madre rompía unas ramillas y le preguntó: "¿Qué estás haciendo?"

La madre le contestó: "Estoy dejando señales para que te indiquen el camino de regreso y no te pierdas."

El hijo pensó: "Mi madre hasta en ese detalle se preocupa por mí" y sintió una oleada de tristeza en su corazón y exclamó: "¡Mamá vamos a regresar!"

La madre le dijo: "No. Si yo regreso sufrirías el castigo."

El hijo exclamó: "¡Pase lo que pase no te puedo dejar!"

El hijo regresó con su mamá y le pidió a ella que por favor se ocultase debajo del suelo.

La madre le contestó: "Sí. No te preocupes."

Un día un monarca vecino amenazó al señor feudal con atacar su castillo si no contestaba a la pregunta de cómo se puede hacer una cuerda de cenizas. El monarca vecino había hecho esta pregunta pues pensaba que era imposible contestarla. Ubasute YamaEl señor feudal pidió a su gente que pensaran en la posible respuesta.

El hijo también intentó resolver el problema sin éxito. Entonces preguntó a su madre, y ella le contestó: "Eso es muy fácil. Haz una cuerda muy estrecha y mójala en agua salada. Seca la cuerda y quémala. ¿Entendiste?"

Ubasute YamaEl hijo así lo hizo y la llevó al señor feudal.

Este exclamó: "¡Excelente! Voy a recompensarte. A propósito, ¿lo hiciste sólo?"

El hijo tímidamente le dijo la verdad.

El señor feudal dijo: "Si no hubiera sido por la anciana, yo habría perdido mi castillo."

Reflexionó mucho y desde entonces se dedicó a cuidar a los ancianos del pueblo. El hijo y su madre vivieron felices para siempre.

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