Hace mucho, mucho tiempo, en algún lugar nació un niño llamado Kintaro.
Kintaro creció fuerte y robusto y nadie podía rivalizar con él.
Siempre andaba con unos animales de montaña. Ellos eran sus amigos y con ellos practicaba sumo todos los días.
Un día, Kintaro y sus amigos fueron a la montaña de enfrente para recoger unas castañas. Allí había muchos castaños.
De repente apareció un oso grande que se dirigió a ellos: "¡Esta montaña es mía! ¡y también lo son esas castañas! pero si me vencen en una lucha de sumo ¡se las daré!"
Los animales se horripilaron, pero Kintaro respondió: "¡Yo seré tu contrincante!" y empezaron a luchar.
Al poco rato, Kintaro con toda su fuerza echó al oso al suelo.
Los animales se alegraron mucho y Kintaro se dirigió al oso: "¡Ahora tú eres nuestro amigo!"
El oso contestó : ¡Gracias! ¡Qué persona tan estupenda eres!"
Con el tiempo Kintaro se convirtió en un valiente samurai llamado "Sakatano Kintoki".
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